Lo primero es referirnos a la etimología de la palabra. Castidad viene del latín castus, y se traduce al español como puro. Por tanto castidad y pureza son sinónimos, significan lo mismo.
Sobre la pureza podemos decir que la buscamos y preferimos en todo. Así por ejemplo, cuando se trata de beber agua, procuramos beber agua pura y no sucia. Lo mismo podemos decir del aire, o del alimento, etc. Si se trata de metales, o de joyas, sucede lo mismo: su calidad o valor aumenta de acuerdo a su pureza. Pensemos en un diamante, por ejemplo. Y si de personas se trata, nos repugna la compañía de una persona sucia y maloliente, mientras que nos agrada la compañía de personas limpias y perfumadas. Y así se da en todo: naturalmente preferimos lo que es puro y limpio, lo que no quiere decir que no haya personas perturbadas que prefieran la suciedad u otras que no tienen alternativa, por ejemplo, cuando se trata de beber agua: si no hay otra agua para beber, mejor es arriesgarse a tomar agua sucia que morirse de sed.Pues bien, la castidad es la virtud que purifica el amor humano. Sí, y es que no todo lo que dice ser amor es verdaderamente amor, o no todo amor es de por sí un amor puro. Hay un amor puro y hay otro que no lo es, y todo amor humano necesita purificarse continuamente para que no se contamine.
Este Libro contiene recomendaciones prácticas para vivir la virtud de la castidad
para mujeres, con numerosos testimonios. Escrito por el P. Jürgen Daum
No hay comentarios:
Publicar un comentario